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jueves, 6 de mayo de 2021

Trenes y personas

-Los trenes se parecen mucho a las personas, ¿no cree?

No conocía de nada a aquel tipo y al escucharlo pensé que podía tratarse de alguien con su salud mental trastornada e instintivamente sentí algo de miedo. Estábamos solos allí, esperando el tren y decidí seguirle la corriente.

-Puede ser, pero no le veo mucho parecido, la verdad.

El hombre guardó silencio aunque me temía que seguiría con su disertación en cualquier momento y lo peor era que quedaba bastante para que llegase nuestro convoy.

-Los trenes tienen que circular por estas vías para no descarrilar. Nosotros también tenemos unas vías marcadas en nuestra vida y es mejor seguirlas para ir cubriendo estaciones, me soltó al cabo de unos minutos de silencio.

No me pareció descabellado su argumento para tratarse de un loco pero tampoco quería darle conversación, así que seguí callada, pero el hombre seguía a lo suyo.

-Es cierto que los trenes pueden cambiar de vías en determinados puntos pero es una maniobra delicada. Nosotros también podemos hacerlo pero a veces nos equivocamos.

Estaba claro que me iba a dar la chapa hasta que viniera el tren y mi silencio no parecía desanimarlo ni mucho menos.

-Un tren requiere de una potente máquina que tire de él. Nosotros, muchas veces, también necesitamos el impuso de alguien para poder seguir adelante, ¿no le parece?

El caso es que todo lo que decía era bastante coherente y al menos me tranquilicé al ver que era inofensivo y solo tenía la cabeza como un bombo. Parecía que ya se había callado definitivamente pero al rato volvió a la carga.

-Cuando un tren entra en un túnel todo se vuelve oscuro e incluso cambia la percepción del sonido. Nuestras vidas a veces también acaban en un largo y lúgubre túnel y ni siquiera nos llegan con nitidez las voces de los que nos quieren ayudar.

Por fin escuché a lo lejos el inconfundible sonido del tren aproximándose. Cuando paró y abrió las puertas, subí y me quede allí mismo. Me sorprendió ver que el hombre no entraba y seguía inmóvil en el andén.

-¿No sube?, le pregunté.

El tipo pareció salir de un trance y consiguió subir en el último instante, justo un segundo antes de que se cerrasen las puertas.

-Gracias, estaba ensimismado y casi se me escapa, me confesó algo turbado.

-No se preocupe, todos tenemos demasiadas cosas en la cabeza, le contesté con sinceridad.

-Eso es muy cierto, me respondió. Precisamente estaba totalmente absorto en la conferencia que tengo que dar ahora en la Facultad de Filosofía y un poco más y me quedo en tierra. Por cierto, disculpe si la he importunado antes con mis elucubraciones.

-No se preocupe, ha sido muy interesante, ¿es usted filósofo?

-Filósofo, historiador y escritor, lo que viene siendo un auténtico chiflado.

Lancé una risita cómplice pero lo cierto era que yo lo había tomado por loco cuando en realidad era un erudito y en ese momento me avergoncé bastante por ello.

martes, 14 de abril de 2020

Pide un deseo




Ese verano estaba siendo especial para Javi. Había regresado al pueblo de sus padres después de una difícil temporada sumido en una profunda depresión. Gracias a su esfuerzo, al apoyo de la familia y a la labor de muchos profesionales de la salud mental, logró poco a poco ir saliendo del túnel y la pequeña luz que empezó a vislumbrar en un momento dado, fue paulatinamente aumentando en intensidad y ahora se encontraba totalmente recuperado y con unas tremendas ganas de vivir. Eso se notaba en su cara y sobre todo en el ánimo de su familia que lo había pasado muy mal acompañando a Javi en esos duros momentos sin saber muchas veces como podía ayudarle y sufriendo esa frustración en silencio.

Sus amigos del pueblo no eran ajenos a la situación que había vivido el chaval y habían sido testigos del drama por el que había tenido que transitar. Ahora lo notaban como en sus mejores momentos y sabían que podían hablar con él de todo con absoluta sinceridad, incluso de esa mala época vivida.

Una noche de agosto, la pandilla de Javi se dirigió, ya de madrugada, a un apartado lugar del pueblo donde la oscuridad les permitiría contemplar toda la belleza de la anunciada lluvia de estrellas.

-¿Habéis pensado ya vuestro deseo?, preguntó Lola.

-Claro, contestó convencido Fede.

-¿Vas a pedir tú alguno?, interrogó la tímida Rosa a Javi, que estaba bastante callado.

-Creo que esto es una chorrada, ya sabéis que soy un poco raro, pero tampoco quiero fastidiaros la magia del momento, respondió.

En ese instante una hermosa estrella fugaz surcó la bóveda celestial hasta desaparecer dejando impresa en la negrura de la noche su brillante estela. Tras ese maravilloso momento, alguien rompió el sobrecogedor silencio que siguió al espectacular fenómeno astronómico:

-Vámonos ya de aquí, que hace un poco de rasca.

-Al final, ¿pediste algún deseo, Javi?, insistió Rosa mientras regresaban al pueblo.

-Sí, pero es secreto, ¿no?

-En tu caso no importa, le contestó Jorge, como eres un incrédulo no te afecta para nada.

¡Qué lo cuente!, ¡qué lo cuente!, pidieron todos sus amigos a coro.

-Si lo cuento, puedo joderos los vuestros, les advirtió Javi, después de hacerse de rogar un rato.

-Venga tío, no pongas más excusas, dijo Pepe.

-Está bien, mi deseo fue… que se cumplieran todos los vuestros. No podía ser tan hipócrita de pedir algo para mí cuando no creo en estas cosas, pero viendo la ilusión de vuestros rostros, me encantaría que se cumpliese todo cuanto habéis soñado.

En ese instante, se volvió a repetir un extraño silencio y entonces las miradas de Javi y Rosa se cruzaron como atraídas por una misteriosa energía. Él se acercó a ella, cogió su mano entre las suyas y la sorprendida chica se estremeció de felicidad como nunca antes en su vida. Su deseo había tardado muy poco en empezar a cumplirse.