jueves, 14 de diciembre de 2023

Susurros de esperanza

A veces aún recuerdo esas eternas noches, llenas de preguntas y sin ninguna repuesta. Cuando dormir era la unica forma de callar las esas voces pero también la tortura de empezar un nuevo día. Noches confusas mezcladas con días sin sentido, esperando que acabara una semana para no desar comenzar la siguiente.

Hundida en todo este caos, un día toqué a su puerta. Solo me esperaban un sofá y un cuaderno. No recuerdo que dije, o que dejé de decir, ni la velocidad con la que pasó el tiempo.

Me aterraba ser juzgada o exacerbar las heridas que sentía. Al contrario, cuando crucé de nuevo el umbral de la puerta, me encontré a misma teniendo nuevas herramientas para superar el día siguiente.

Sorprendentemente esa noche conseguí dormir, sabiendo que podría derrotar a esos fantasmas si decidía enfrentarme a ellos. No fue fácil al principio, pero semana tras semana conseguía erguirme con más seguridad y esperar con animo a un nuevo amanecer.

Ahora que miro en perspectiva, solo puedo darte las gracias por haberme alentado a hablar, a liberarme de mis prejuicios y cuidar del tesoro que soy. Porque ahora me atrevo a pedir ayuda, porque ahora vuelvo a ser yo.

Dando valor a mi vida

Hubo un capítulo en mi vida en el que me perdí en una oscuridad profunda. El pensamiento del suicidio cruzó mi mente más veces de las que puedo contar. La locura parecía ser mi única compañera constante, susurrándome incertidumbre y agitación a cada paso.

En esos momentos, no veía salida alguna. Cada día, me sentía un poco más absorbida por ese torbellino interno que consumía cada chispa de luz que intentaba encontrar. La idea de compartir estos pensamientos con alguien más me aterraba; no quería que nadie se diera cuenta de que estaba perdiendo la cordura.

Sin embargo, en medio de esa penumbra, llegó a mi vida un ser que irradiaba luz y comprensión. Gracias a esta persona, pude ver que mi lucha no se debía a una locura incurable, sino a una enfermedad que podía enfrentar y superar.

Ahora entiendo la importancia de buscar apoyo y la valentía que se necesita para tomar el primer paso hacia la sanación. Es fundamental reconocer y desmitificar los problemas de salud mental, hablar abiertamente sobre ellos, e involucrar a profesionales que nos pueden guiar por el camino del bienestar. La recuperación es un viaje personal, pero no tiene por qué ser solitario.

La luz que encontré en ti

Los insultos me perforan como dagas en el vientre. Las oscuras nubes sobre mi cabeza dan paso a la tormenta. Después llega raudo el vacío y, con él, el abismo insondable. No veo nada a través de este velo opaco por más que lo intento y decido.

Decido morir.

Algo inesperado sucede; un evento que tira por tierra mis planes.

No recuerdo tus palabras pero sí lo que provocan. La amabilidad y calidez que las envuelven. El esbozo de una sonrisa, real esta vez, aparece en mi rostro. Durante un instante, dejo de ser una extraña en mi propia piel. Recibo tu cariño y siento merecerlo. Soy capaz de ver a través del velo y decido de nuevo.

Decido vivir.

Me enfrento a la tempestad porque he conocido la calma. Sé que vale la pena luchar por ella. Que en el esfuerzo de encontrar el rumbo en este barco a la deriva, hay otros que me acompañan. Otros como tú.

Siento que rozo la luz con los dedos.

Y esta es la luz que encontré en ti.

Luz

Eché a andar hacia la estación. El camino, hecho de pesadumbre, era sinuoso. La tristeza me seguía a todas partes. No se marchaba a pesar de rogarle que se fuera. Logró que la felicidad huyera. En esa senda que yo percibía agrisada, no veía árboles, y los había, no sentía la calidez del sol, y el sol estaba, no olía el olor a campo y el aroma a campo flotaba en el aire. Todo sabía a hiel. Andaba con la cabeza gacha como si el cielo estuviera bajo mis pies.

Frente a las vías sentí que la muerte me agarraba y me obligaba a ir con ella. Pasó un tren. Una niña me sonrió y me saludó con su manita. Se parecía mucho a mí cuando era pequeña. Fue cuando sentí que la vida, hecha del afecto de los que me querían, me cogía del brazo y tiraba de mí con ímpetu. Di media vuelta. Miré hacia atrás para cerciorarme de que el pasado no me seguía. Continué andando. Al final de ese farragoso camino me aguardaba la esperanza.

Mi pena construyó ese pasado que, ahora, agonizaba. Mis manos lo deconstruyeron para crear un futuro. Sentí el olor a vida.

Muy al fondo de la oscuridad también hay luz

A veces pienso en que todo iría mejor sin mí. No sabía que se podía caer tan profundo, como para empezar a sobrevivir encerrada en una caja. Todos me miran raro, se alejan, eres "un bicho raro" en mi cabeza resuena. Nadie me hace caso, "no ves como nadie te quiere" ronda en mi cabeza. Parecía que había dejado atrás todo y vuelve, y vuelve… Parece que no tengo derecho a ser feliz. Intento sonreír, pero no me sale, intento socializar pero no me nace, intentan entenderme y no son capaces. Tenerle miedo al miedo y vivir con miedo y yo pensando en las ideas autolíticas. Pero, me pregunto: ¿qué es lo que quieres hacer con tu vida? ¿te quieres quedar aquí, en el suelo tirada, o tiramos con todo? Ahí es cuando mi cabeza hace clic.

Hace tiempo que no vivía esta situación, la recuerdo se llama "paz interior". Por supuesto, me he perdonado y he descubierto que el amor de mi vida soy yo. El pasado es pasado, el futuro no ha llegado, pero algo claro tengo, quiero seguir viviendo, al fin y al cabo, aquí es donde estamos.

Torres de niebla

Nacían en la niebla y morían en ella.

Se hacían llamar los Perfectos, y al cumplir la mayoría de edad consagraban el resto de su existencia a la construcción de torres. Su fin era alcanzar la única estrella que alumbraba el firmamento. Todo aquel que lo consiguiese le sería concedido cualquier deseo y riqueza que pudiera imaginar.

Aquellos seres, poseían una habilidad especial que les permitía moldear la bruma que cubría esas inhóspitas tierras. Por lo que condensaban aquella niebla para construir sus torres. Las más altas y esbeltas pertenecían a los Perfectos más admirados. Unos guantes recubrían sus brazos, simbolizando su estatus. Eran conocidos como los Enguantados. Todo el mundo aspiraba a ser como ellos.

Los Perfectos pasaban el resto de sus días en la torre que cada cual edificaba. Estas carecían de puertas y ventanas. Entonces… ¿Quién iba a imaginar que dentro de una fortaleza tan imponente podía habitar una persona que sufría en silencio? La frustración y el dolor que reprimían debilitaba su habilidad para condensar la niebla. Eso era lo peor que podía pasarles, ya que su torre nunca sería lo suficientemente alta como para llegar hasta la luz de la estrella. Por ello, la única forma de recuperar sus poderes era hacerse pequeños cortes en las muñecas, liberando el sollozo que no podían articular en palabras. Pues de hacerlo, la torre se disiparía y se convertiría en lo que siempre fue. Niebla.

A fin de cuentas, lo más importante siempre fue construir la torre más grande, perseguir una estrella ficticia olvidando la luz propia, seguir ocultando que los Enguantados, aquellos a los que todo el mundo aspiraba a ser, poseían las manos y brazos con más cicatrices.

Eva

Eva era una chica morena, algo rellenita sin llegar a ser obesa. A sus 14 años cursaba segundo de la ESO. En clase percibía un rechazo general hacia ella, el cual había influido en su carácter retraído. Alumna trabajadora, sacaba buenas notas, lo cual incidía en un rechazo mayor y que algunos la tachasen de empollona.

Cuando entró en el instituto, recibió de su tía un móvil, cuyo número se había extendido por el instituto recibiendo, con número oculto, frases ofensivas y amenazantes. Era un caso claro de bullying.

El acoso había empezado en primer curso y ahora era un constante bombardeo. Le daba miedo abrir los mensajes.

Se había vuelto huraña. Empezaba a suspender exámenes. La depresión iba creciendo lentamente. Pensamientos autodestructivos la invadían. La idea del suicidio se iba abriendo paso.

Su madre, preocupada, llamó a su tía. Esta habló con ella y tuvieron conciencia del problema.

Su madre y su tía hablaron con el jefe de estudios, pero el problema continuó.

Su madre recordó que tenía una amiga de Primaria que estudiaba en otro instituto. Hicieron las gestiones pertinentes y la trasladaron de centro. Le compraron un móvil nuevo. Estuvo yendo al psicólogo. Logró rehacer su vida.