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martes, 24 de mayo de 2022

Sombra de tu Sombra

Después de la tragedia, me la pasaba tiritando y tiritando, pero de calor, no de frío. Un calor que estremecía hasta las raíces de los árboles del jardín de nuestra casa y hacia danzar nuestras almas desnudas en las orillas de un abismo. A la mañana siguiente, abrí los ojos, y al no verte, volví a cerrarlos, ¡El mundo había perdido su encanto! Me perdí en una enredadera que se anidaba asustada en el fondo de una jaula. En medio del ensueño, iba en caída libre con la ilusión de caer en tus brazos, convirtiéndome en cenizas que se esparcían en un viejo muérdago. Mientras vagaba en el olvido, habitando en lo oscuro, seguía tus pasos como si fuese la sombra de tu sombra.

Un día cualquiera, decido seguir adelante, me propongo recordar que seguía vivo. Voy al parque de la esquina y veo otros ojos, otra boca, y mis manos temblaron como la primera vez. Vamos de nuevo, me repito. Vamos de nuevo.

martes, 11 de mayo de 2021

Luna llena

    Ocurrió una noche, entre el cuarto creciente y el cuarto menguante. Mi pequeño hijo corría de un lado a otro con su avioncito de papel en sus manos y el sueño de ser piloto en la cabeza, invitándome con alegría a embarcarme en su avión para irnos de viaje como lo hacíamos antes. Mi esposa con una sonrisa radiante en sus labios, lo observaba con ese amor que solo una madre experimenta. Le acarició el cabello y él le devolvió el gesto sin dejar de corretear. Por un segundo, tuve ese sentimiento de aquietamiento y paz. Aunque sabía que no era la primea vez que ocurría, esa ocasión era distinta. Caminé lentamente hasta la mecedora que estaba dispuesta frente a la chimenea y me quedé viendo como el fuego crepitaba serenamente. Fue ahí que ocurrió, ingresó sin siquiera a la puerta tocar; creyendo saber todo de mí, se adueñó del lugar. ¡Nunca se debe pasar sin avisar! gritaba desde mi mente sin parar, pero era demasiado tarde, ¡Qué dolor! ¡Qué pesar! Mi hijo con todo y su avioncito de papel se desvanecieron entre nubarrones de olvido. Traté de agudizar la vista, fue inútil, ni siquiera mis ojos parecían pertenecerme. Me has condenado, pensé con detenimiento. Atacaste a traición, y, como una muerte de sorpresa, no me diste oportunidad de defensa.

Qué mal que lo arrastre lentamente, logré escuchar alguna vez entre los meandros de mi perdida mente. Gente iba y venía. Esposa e hijo seguían en la misma sala aunque con diferentes caras. Por un segundo, creí que debía ser yo quien tal vez cambiaba. ¿Cómo saberlo?

Un tiempo atrás, me hablaban de cómo pasan sus días, se reían de aquel mensajero que confundía nuestra dirección con la casa de la señora María. De cómo el ave que estaba enjaulada en el balcón azulado, de alguna manera escapó y voló hasta un gran nido en la cima de un frondoso árbol. Callaban, suspiraban e imaginaban cómo serían nuestras vidas, y casi sentí que olvidaban que seguía observándolos y amándolos.

En los instantes sublimes en los que mi memoria se escapa de las purulentas garras captoras, recuerdo que esos ojos grises de armiño que tanto admiro, no son los míos, sino los de un pequeño niño. El mismo que su madre arrulla por las noches mientras los miro, deseando con todo mí ser, que sepan que estoy con ellos y sigo vivo.

lunes, 4 de mayo de 2020

El arroyo

Caminando sobre guijarros en las orillas de un arroyo del norte, pensé en ti como si te hubiera conocido en otra vida. Tuve evocaciones de lo que fue tu boca y me sonrojé de solo pensarlo. ¡Que ojos y suaves pómulos!, pero, por increíble que parezca, no lograba recordar tu rostro completo. ¡No era posible! Parecía que solo podía recordarlo por partes. Lo que comenzó como algo preocupante, terminó como la más devastadora entre todas las penas. Por eso, antes de que te olvidara definitivamente, decidí dejarte una carta en lo alto del estante. Confieso que me sentí culpable cuando toda confusa me comentaste, que no la habías encontrado, así que no tuve otra opción que parafrasearte lo expuesto en la misiva, palabras más, palabras menos, algo como esto decía: "Quisiera ser el hombre que desenvuelve el papel y deja el regalo en su regazo a la espera de que una brisa otoñal se lo lleve de repente y lo pose en tus brazos. Aquel de sueños rotos que se levanta por las noches a tomarse el café del mediodía, mientras conversa con el eco que dejó tu voz en la esquina de su cuarto. Quisiera ser el extraño personaje de camisa deshilachada que acaricia las sombras cuando se sientan en la cama y danzan al son de una marchita tonada. El mismo que dice que tiene ojos, pero no mirada, y espera paciente que las cenizas de su ser, terminen de humearse para como el ave, anidarse en medio del paraíso de tus pechos. Quisiera ser tu todo y tu nada bajo esta luna que nos mira con su cara enlutada. Quiero eso y más, pero ni siquiera sé bien dónde estás. Casi no logro verte".

Al final, con resignación, confirmé mi sospecha, entendiendo que no fuimos nosotros los traidores, fue mi deteriorada mente, donde continúo caminando sobre guijarros en las orillas de un arroyo.