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lunes, 23 de mayo de 2022

Dedicándose a vivir

Ainhoa ya se quedaba sola en el mundo, sin familiares cercanos. Por suerte era una persona nada complicada y muy abierta y a lo largo de la vida había cosechado muchas amistades.

Su madre enfermó durante largos años, fallecida ésta su padre también enfermó y Ainhoa se tuvo que ocupar de él, y a la vez a su marido también se le detectó una grave enfermedad. En el transcurso de cinco años fallecieron todos. Fueron años duros.

Ainhoa no tuvo hijos y se quedó bien sola. Pero tenía mucha fuerza mental. Tanto tiempo lidiando con la enfermedad de sus padres y luego la de su marido, le hizo tener una perspectiva más espiritual de la vida.

Las primeras semanas del fallecimiento de su pareja fueron duras para ella, con muchos espacios vacíos en el día a día. Pero a las semanas se aferró a su espiritualidad y su positividad para afrontar nuevamente su vida.

Si tú ves sus historias en las redes sociales parece que ha vivido un renacer. Desde los primeros momentos lo afrontó con colores. Al haber vivido la enfermedad de sus seres queridos y haber hecho todo lo posible por ellos en vida, ahora necesitaba simplemente vivir ella.

Muchos la criticaron por vestir tan viva, por mostrar una sonrisa constante, pero la pérdida ella la afrontaba pensando en los suyos cuando paseaba o corría por la montaña próxima a su casa y conectaba en su espiritualidad con ellos. Para ella, ellos se comunicaban con ella a través del sol, el viento, el arcoíris. Y en lugar de apocarse se volvió activa. Pero ello no está bien visto. Suscita malos comentarios, cotilleos, envidias, pensamientos y opiniones de que no se comprende que no se la vea triste y afligida. Muchos pensaron que no sentía dolor, o que quizás no los quería tanto, pero otros comprendimos que cada uno tiene una forma de tirar hacia adelante sin olvidar.

Muchos de nosotros no sabríamos superar una pérdida de la manera que ella lo hacía, pero era ella fuerte y tenía su particular forma de tirar hacia adelante.

Se apuntó a kickboxing, salía con amigas constantemente. ¿Pero si ella había hecho lo posible en vida por ellos por qué no se podía permitir vivir sin ellos siendo feliz?

Dejó atrás largos años muy duros cuidando de tres de sus seres queridos, y no todos pasamos por las mismas fases de luto, ni de la misma manera.

Ella también tendrá sus momentos de flaqueza, de tristeza, de soledad al regresar a casa, de pensar en el futuro que tenía con su pareja y se truncó, por ello las críticas sobran. Cada persona es un mundo, cada uno tiene una fuerza diferente y una manera de ver la vida o el más allá. Quizás ella esté más cerca de sus seres que muchos otros. Me alegro por mi amiga que ha encontrado su camino para superar tanta pérdida.

martes, 11 de mayo de 2021

Soy monstruo

    Muchas veces me considero un monstruo sobre todo cuando estoy en plena crisis. Me siento monstruo, atrapado en mi propio laberinto, en el que debo permanecer, sin salida, porque soy monstruoso, porque mi ser molesta a la gente, porque mi existencia no es aceptada y mi imagen perturba. Soy un error.

Entonces, cuando estos pensamientos invaden mi mente, mi mejor refugio es mi propio laberinto en el que me rompo.

Por mi aspecto suscito reacciones negativas, y llevar esa carga encima no es tarea fácil. ¡Mira que lucho y me esfuerzo!, pero no cumplo los estereotipos. Mi cualidad natural no es catalogada de normal. Yo no soy un prototipo generalizado, poseo otra naturaleza, otras limitaciones, que no se aceptan. Soy un monstruo.

Pero no sólo sufro la batalla del aislamiento y el rechazo. Paso por estados mentales intensos. En mi cabeza muchas veces me invaden sentimientos que no entiendo y mucha información que me colapsa sensorialmente. Es una lucha.

Pero las miradas de rechazo me hunden más, más que mis batallas internas. Me derrotan y hacen añicos mi momentánea positividad. ¡Qué culpa tengo yo de percibir, ver, sentir, oír cosas diferentes al resto de las personas! ¡Mira que trato de ocultarlo!, pero ciertos rasgos lo denotan.

A veces el monstruo se plantea dejar de medicarse. Lo hace, el monstruo. Porque la medicación le deja muerta la mirada y le adormece el alma. Piensa que medican al monstruo, le medican, para que no se exprese, para que no ruja, para que no moleste. De eso se trata, de aturdir al monstruo porque es más sencillo.

No te dejan ni asimilar las voces, ni los delirios, ni nadie te deja expresarlos, porque nadie se esforzará en entenderlos. Y sigo preso, en mi laberinto, sigo atrapado de una u otra forma, sintiendo soledad.

¿Por qué no se acepta a un monstruo singular, aceptando sus particularidades? Lo sé, el monstruo asusta. Hay que encerrarlo, aislarlo e incluso agredirlo. No se merece respeto. Lo sé.

Y mi baja autoestima se empequeñece más todavía. ¿Para qué luchar? Soy el monstruo.

En otras fases de mi enfermedad, intento integrarme, andar positivo y valorarme a mí mismo mejor, porque soy un buen ser pese a mis irregularidades y trato de mejorar, pero pese a todo siguen sin aceptarme, nadie me da la oportunidad para conocer la persona que soy. Y me pregunto por qué trato de olvidarme del monstruo, si lo soy.

Pero necesito encarecidamente que me apoyen, necesito ayuda. El monstruo ya no puede más. Está roto, sufriendo enormemente. Sólo una muestra de cariño le daría esperanza, le haría buscar la salida, pero nadie le da oportunidades al monstruo, nadie desea que salga adelante, nadie cree en él.

Finalmente se le clava el puñal de la indiferencia, y lagrimea gotas de sangre, en un estado de alteración profunda del alma.

Suerte que hay fases, más o menos profundas, quizás el monstruo sobreviva a ésta, la de la pena por su soledad. Un monstruo sigue siendo un monstruo.