Nadie puede salvarme. Suenan todas las sirenas dentro.
Hay muchísimas cosas que no me he perdonado todavía
Como no entrar en aquella habitación con 10 años
Como enterrar mi verdad, o no irme a tiempo
Veo a la niña frágil temblando asustada
Y se me sacude el pecho, terremoto torácico
Esa imagen se me hunde en las costillas,
Me agita, me alarma, me acalla. Silencio.
La quiero abrazar pero está lejos.
Cesuro fuerte ¡que alguien la quiera por favor!
Mi voluntad de acercarme y prometerle al oído
Que todo se solucionará, aunque todavía estemos en ello
Queda redimida al nudo angustioso de culpa
Y entonces sus lágrimas infantiles llenan cada célula de mi ser
Y muerdo por inercia defensiva fuera, mendigando amor
Necesito que me quieran a pesar de estar herida
A pesar de tener una niña asustada bajo mi piel madura
Necesito que la niña sane, o se me congelarán los labios
Los sellaré para siempre y se me romperán las entrañas
Con la mirada triste que un día tuve, y hoy sólo escondo
Y la niña llora ahora en voz alta, pero nadie más que yo puede salvarla.
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