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viernes, 1 de diciembre de 2023

Cicatrices


Sentirse sola no es una sensación agradable y, por desgracia, yo la he experimentado.

Durante muchos meses he tenido depresión. Una etapa en la que no podía confiar en nadie porque estaba tan centrada en lo malo, que no me di cuenta de que había gente a la que realmente le importaba. Empecé a guardarme todo lo que sentía, hasta que no pude más y busqué una salida para tanto dolor.

Descubrí que haciéndome daño a mi misma podía calmar todo lo que sentía. Empecé haciéndome pequeños cortes en los brazos, al ser invierno no se notaba.

Un día mi padre me preguntó cómo estaba, solía contestar con un "bien" para ahorrarme más preguntas, pero ese día decidí contárselo todo. Cuando terminé me dio un abrazo y me susurró: "Todo va a salir bien".

Juntos se lo contamos a mi madre. Decidieron llevarme a un psicólogo que me ayudó a entender mis sentimientos y a no depender de la aprobación de nadie. Para el siguiente año ya estaba recuperada. Intentaba siempre recordar el pasado como algo bueno, pero no siempre se podía.

Esta habría sido una buena historia, pero no me tocó vivirla, porque cuando decidí hablar, nadie me escuchó.

martes, 11 de mayo de 2021

Los colores de la vida

    El matiz negruzco que pintaba el camino de mi vida empieza a desvanecerse y ya está adquiriendo un tono grisáceo. Aquel peso inherente a mi estado no me permitía avanzar pero mis ojos sí divisan a lo lejos una luz tenue que va cobrando intensidad a medida que ando. Es esa luz del final de un túnel hecho de pena y sinsabores. Los obstáculos en forma de soledad, de miedo, de inseguridad, de incomprensión me cogían con fuerza empujándome hacia el inicio de aquella senda e invalidando todo el trecho recorrido al compás de una melodía formada de voces que me negaban cualquier atisbo de optimismo. Tropiezo con una piedra hecha de prejuicios. Y vuelvo a caer por culpa de otra de esas piedras. Un pájaro, cuyas alas tienen forma de mano y llevan grabadas la palabra ayuda, me recogen una y otra vez. Y es así como vuelvo a estar en pie. Caer y levantarse. Este es el lema.

Al lado del camino hay un río cuyas aguas turbias se nutrían de las lágrimas del sufrimiento pero hoy tienen un aspecto nítido y transparente. Esas nubes amenazantes que cubrían mi cielo personal se deshacen y aparece otro cielo de un azul posible. La paleta de colores que se escondía tras ese estadio está a punto de salir a la luz, de brotar y desplegar todas las tonalidades de una vida sin estigmas. Aquellas hojas, otrora color tierra, se visten, ahora, de un verde esperanza sutil pero firme. La penumbra, que no me permitía ver más allá, se hace pequeña con el amarillo brillante de ese sol que no piensa abandonarme. Y esas semillas traídas por el viento del cariño, que ahuyentan la tristeza, empiezan a dar sus frutos en forma de flores de un intenso color rojo que se cuela en el corazón para hacerlo latir de alegría. Y el aroma que desprenden llega hasta mi alma.

Llego al final del camino. Un camino nada fácil donde hay una puerta que jamás imaginé poder traspasar. La abro con la llave del triunfo. Es una llave hecha de sueños que han subido unos peldaños para convertirse en realidades.

Y miro hacia atrás. Observo el camino que mis pasos han hecho y me siento ganador porque he aprendido que vivir vale la pena.