viernes, 1 de diciembre de 2023

Tras la huella del estigma

A veces, acariciaba mi mejilla, me reconfortaba y me susurraba: 'Anda, hazlo...' Otras, estrujaba con fuerza el corazón, lo desaparecía y se encargaba de llenar mi interior con desesperanza y desconcierto.

'Rara', 'extraña', 'inusual'… De estar tantas veces en la boca de los otros. Para ellos, era solo eso. Pero a mi vida se le restaba un día de lo que ya había decidido: mi suicidio.

Siempre, 'la chica difícil', arrinconada en el fondo de un 'ya se le pasará'. Desde la soledad nadie escucha tus gritos.

Perdí el control.

Razones para seguir viva se deshacían en mis manos, seguir adelante era arrastrar piedras en un costal de culpabilidad.

Pedí ayuda. Trastorno bipolar fue el diagnóstico.

No sabía quién había sido durante 27 años, quién era y quién podría ser. No quería ser.

La valoración médica logró hacer brotar las etiquetas. Los otros, creían haber encontrado la respuesta a mi 'rareza'. Yo, encontré indiferencia, excusas, estigma, miedo; riscos insalvables.

Dos años más de esa nada pavorosa, para ver nacer la esperanza; alguien escuchó, reconoció mis rocas, como si se tratase de una enfermedad como cualquier otra, porque lo es.

La empatía, salvó mi vida.

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