Hace tres meses, Carlos cometió un intento de suicidio.
Con un matrimonio desplomándose, una economía que cada vez resultaba más asfixiante y pensamientos recurrentes de quitarse la vida.
Atravesaba una fuerte depresión, repasó y cuestionó su vida; recordó su dura niñez y adolescencia -el ser considerado siempre como el "chico triste". Todos los pensamientos llegaron como forma de tráiler a su cabeza en cuestión de segundos. Estaba muy agotado; decidió quitarse la vida, no fue una decisión impulsiva. Carlos visualizaba el escenario para su suicidio, tenía algunos medicamentos un tanto fuertes y extraños en casa, aproximadamente ingirió entre 150 a 200 pastillas. Fue encontrado por su esposa Sofía, cuando ya estaba inconsciente. De forma casi milagrosa pudieron atenderle en el momento preciso.
Ha resultado en un camino difícil para Carlos ya que estos pensamientos no desaparecen de la noche a la mañana, sin embargo, su vida no está en la misma dirección. Con ayuda profesional, Carlos gestiona sus emociones de mejor manera y elimina los pensamientos dados por la masculinidad del ser autosuficiente, el cual crea la noción de tener la capacidad de resolver los problemas por uno mismo, sin necesidad de recibir ayuda externa o incluso de rechazarla.
Al igual que Carlos, muchos hemos estado inmersos en una sociedad patriarcal; la que imposibilita el exteriorizar emociones, sobre todo si están relacionadas con la vulnerabilidad.
Hablar salva vidas.
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