lunes, 4 de diciembre de 2023

El faro

Era el faro en medio del temporal. Estoica y resistente, con una luz cálida que alumbraba todo cuanto la rodeara. Cualquiera que estuviera perdido encontraría el camino de vuelta gracias a ella.

Por eso se dirigió allí aquella noche. Por eso se encontraba inclinada sobre la barandilla, con la mitad del cuerpo fuera, en medio de la tormenta. Desde lejos, aquel lugar parecía tan imponente y esperanzador como la primera vez que lo vio. Sin embargo, a corta distancia, se podían percibir las grietas profundas en la estructura, a través de las que se colaba la lluvia.

La luz del faro no era una promesa de refugio, era una llamada de auxilio. El faro estaba a punto de derrumbarse porque, como ella, ya no soportaba el peso de tener que guiar a los demás en la noche, mientras ellos se ahogaban en oscuridad. La única diferencia entre el faro y ella, era que ella tenía la oportunidad de librarse de aquella tarea.

Podría saltar. Pero entonces dejaría al único que la comprendía, que sufría con ella su mismo pesar, completamente solo. No podía abandonar al faro de aquella manera. No podía abandonarse a sí misma con tanta crueldad.

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