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jueves, 2 de noviembre de 2023

El susurro de Ehecatl y la Elección de Xólotl

La comunidad Azteca celebraba el nacimiento de los grandes dioses Quetzalcóatl y Huitzilopochtli. Durante la sagrada asamblea, el gran sabio Cuauhtémoc anunciaba, conmovido, al que traería el fin de la larga era de lágrimas: "El primer bebé en nacer antes de la medianoche sería conocido como el 'Susurro de Ehecatl', un eco divino que ofrecerá esperanza". Daniel, el que tendría por único juez a Dios, fue el elegido. Nació bendecido bajo la dualidad de Ometeotl: el equilibrio entre el miedo y la aceptación de las sombras.

Los rostros se iluminaron llenos de esperanza, excepto el del sacerdote Xólotl, un hombre consumido por sus demonios interiores, lleno de un vacío descomunal. A la mañana siguiente, Xólotl se encontró nuevamente frente al precipicio de su desesperación y quiso dejarse caer del tercer piso; para él ya no habría esperanza, nunca hubo. Recordó por un breve instante a Daniel y un viento invadió la habitación, acompañado de un murmullo. "El Respiro de Ehecatl", susurró Cuauhtémoc desde su jardín, dirigiéndose a Xólotl: "Recuerda que incluso el aliento más puro se corrompe si no se comparte. Ve y lleva a todos el mensaje de que tú, tocado por la muerte, has vuelto a vivir".

martes, 24 de octubre de 2023

Querida hermana

Querida hermana,

Sé que estás cansada. Harta.

Que ya no puedes dar un paso más.

Antes que tu mente, ya lo supo tu cuerpo. Hundiéndote poco a poco entre tus hombros, como si estuvieran desechos. Los pies se arrastran por el cemento. Tus ojos evitan mi mirada. Por miedo a que te los lea y descubra tus monstruos, tus pensamientos.

No sabes por dónde empezar.

La mochila que cargas a tu espalda se hace cada vez más pesada y gris.

Te has visto al borde del abismo demasiadas veces.

Has mirado frente a frente, al vacío.

Has querido caer.

Has querido escapar de aquí.

Pero, querida hermana, yo compartiré el peso. Escucharé todo, aunque no entienda nada, aunque no sepa bien qué decir. Me desviviré, te cuidaré, te apoyaré junto a mí.

Sé que no puedo desenredar el ovillo de tu cabeza. Sé que no puedo hacerte feliz.

Pero sí puedo sentarme a tu lado.

Y llorar, y gritar, y reír.

Sé que no puedo sacarte del precipicio. Sé que no quieres que tire de ti.

Pero sí puedo darte la mano y contar fantasmas hasta que dejen de existir.

Querida hermana, sé bien que te quieres marchar, pero yo no puedo dejarte ir.