Mostrando entradas con la etiqueta Meraki. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Meraki. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de diciembre de 2023

Meraki

Antes de iniciar cada clase María escribía una frase o palabra en la pizarra, con el propósito de despertar nuestro corazón, según decía.

-A tono con la m de martes, dejo a ustedes a "Meraki", les sugiero que la apliquen en su vida-dijo María, e inmediatamente empezó con las adorables reglas de factoreo.

Al terminar la clase, mi profesora repartió en parejas un extenso número de ejercicios.

-Vaya suerte, debo trabajar con el fantasma de la clase-dije a viva voz.

"Fantasma" se llamaba Inés, era una chica callada, responsable y solitaria en extremo.

- Soy Juan, por lo rojo de mi rostro puedes llamarme "Tomate". Por favor perdóname por haberte puesto un feo apodo.

-Llámame por mi nombre. Toma, aquí anoté mi dirección, te esperó a las cuatro en punto- dijo Inés.

Con buena disposición Inés llenó mis vacíos matemáticos. Nuestro trabajó ganó la felicitación de María.

-Porqué siempre estás sola-pregunté un día a Inés.

-Vine a este colegio a medio año, los grupos estaban ya conformados. Sueño con tener una amistad sincera con quien charlar, pasear y compartir cosas propias de mi edad-dijo Inés. -Cuenta conmigo, gracias a ti y a tu vivencia del "Meraki" soy otro Juan.

viernes, 1 de diciembre de 2023

No lo notarán

A cada soplo de aire que me acaricia el rostro, mientras el suelo se me acerca peligrosamente, siento como mi cuerpo se libera del dolor del mundo y una sonrisa de felicidad me acompaña hasta el principio del fin. Ya casi llego, puedo saborear el final…

Vuelvo a mí. Sigo con los pies en la tierra. Miro al vacío. Si salto no lo notarán. Nadie me va a echar de menos. Seré libre de las cadenas que me aferran a una vida que no me pertenece. Estoy cansada de luchar por algo que no es mío. Todo puede acabar en un momento. Pero una mano invisible más fuerte que la de mi cabeza me mantiene con los pies en el suelo. Miro a mi derecha, con los ojos bañados en lágrimas, y veo a mi gatito mirándome con cara curiosa. No puedo abandonarlo. A él no. No quiero que pase por lo mismo que pasé yo. Lo voy a hacer por él. Si salto, él sí que lo notará. Y no lo puedo permitir.

lunes, 4 de mayo de 2020

Volver a vivir

"Debemos cuidar nuestra mente para que ella nos cuide a nosotros. La salud mental no es un juego. Pide ayuda si la necesitas. No estás solo/a". He leído estas frases quién sabe cuántas veces. Están escritas por todas partes. Últimamente paso más tiempo aquí del que desearía, pero tampoco me arrepiento. 

-Es tu turno, mamá -digo mirando la pantalla que muestra su número, mientras agarro con ternura su mano-. Eres fuerte. Yo te espero aquí. No estás sola.

Se levanta y se va, sin mirar atrás. Me quedo sentada en el mismo sitio, con la mente nublada de pensamientos varios. Pero sobretodo de miedo. Tengo mucho miedo, aunque no lo demuestre. Estoy asustada. Mi madre es mi pilar y la necesito en mi vida. Y sé que puede sanarse. Lo sé, porque siempre ha sido una luchadora. Ha librado muchas batallas, con lágrimas y pérdidas, pero siempre ha seguido adelante. Y ahora yo debo ser más fuerte que ella, porque me necesita. Ahora ella está débil. Pero yo sé que sigue siendo la de siempre. Valiente, alegre, alocada, cariñosa… Solo debe sanar su mente para poder volver a vivir. Es complicado el proceso, pero con paciencia, ganas y ayuda, se puede salir de esto.

Una enfermedad mental no es un brazo roto. Es algo que no se sana con yeso y descanso. Se sana con trabajo y dedicación. Pero sobretodo, con ayuda. Nuestra mente es parte esencial de nosotros. Si no está sana, nosotros tampoco. 

Miro a mi alrededor. Hay muchos enfermos, de edades y sexos distintos, esperando su turno. Pero lo curioso es que, aparentemente, y en la mayoría de casos, no se ve su enfermedad. Si me cruzara por la calle con alguno de ellos, sin saber que vienen al centro psiquiátrico, no sabría que están enfermos. Y ahí es donde reside el gran problema de las enfermedades mentales. No se ven como se ve un brazo escayolado. Hay mucha gente que no sabe que tiene problemas de salud mental hasta que ésta les explota en la cara.

Y luego viene el trabajo de aceptación y superación. No es fácil asumir que estás enfermo. Que tu vida ya no será la misma. Que deberás medicarte de por vida. Que estabas enfermo, seguramente desde hace mucho tiempo, sin saberlo. Pero tampoco es fácil ver desde fuera como un ser querido está mal. Saber que tiene problemas, que se comporta de forma extraña, que no es el de siempre. Y, en estos casos, lo único que se puede hacer es apoyar y ayudar a esa persona a superarlo lo antes posible. Con ayuda, amor y constancia se puede volver a vivir. Evidentemente, no todo será como siempre. La enfermedad marca un antes y un después en la vida de un enfermo y de sus familiares. Pero lo importante es poder volver a sonreír, a gritar, a correr, a disfrutar de la vida. Aunque no sea totalmente como antes. Lo importante es volver a vivir.