Mostrando entradas con la etiqueta Luna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luna. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de mayo de 2021

Preguntas


Ella llevaba un rato insultándolo porque él le había echado en cara, de nuevo, que se hubiera gastado todo el dinero para la casa:

—Llevamos años así. Y no buscas trabajo —añadió él.

Ella le contestó que "con menudo hombre me he casado" y lo echó de casa. Él no protestó. No por miedo: si no porque ya no tenía más fuerzas para luchar por su amor. Nunca le había contado a nadie como ella le trataba. Temía que se rieran de él. Que la gente lo viera como lo que era: un hombre que no tenía el dinero suficiente para mantener a su mujer.

Miró su cuenta bancaria. Desde hacía tiempo el banco le ofrecía un crédito automático de diez mil euros a cambio de un interés abusivo. Por razones obvias, nunca se lo había contado a ella. Pero esta vez apretó el botón. Utilizaría ese dinero para divorciarse.

Al salir de su casa las preguntas estaban esperándolo. ¿Su error había sido pensar que su amor haría que ella cambiara?

—No se puede cambiar a nadie —pensó en voz alta—. Querer cambiar a alguien es tratar de manipularlo para que sea como tú deseas.

De camino al hotel se cruzó con unos ancianos que caminaban de la mano.

—Ahí hay trampa —pensó—. Uno de los dos machaca al otro y el otro calla.

¿Y si el amor solo dura un tiempo? ¿Y si el resto es manipulación e ilusión?

—Al igual que a los niños se les dice un día que los Reyes Magos no existen, a los adultos nos deberían decir, un día, que el amor no existe.

Llegó al hotel, pidió una habitación y se acostó en la cama. Un ataque de pánico recorrió su cuerpo. Pensó qué pena no tener familia o amigos a quién recurrir. Pensó, con una sonrisa, que el préstamo y los intereses abusivos eran los únicos que iban a echarle una mano para salir de esta. Ella le decía que él no merecía que nadie lo amara. Pero otras veces le decía que él era el mejor esposo posible. Pensó que quizás ella le gritaba porque estaba atrapada con un hombre al que ya no amaba. Quizás se gastaba todo el dinero no por maldad: sino buscando que él la abandonara. ¿Estaba disculpándola? ¿Y si él, en secreto, hacía cosas horribles que se ocultaba a sí mismo?

Pensando, quedó dormido. Durante la noche, varios ataques de pánico lo despertaron. Los imaginó como amigos que lo despertaban para decirle: "no vuelvas con ella, empieza una nueva vida, atrévete".

...




Al año vivía en la calle.

Pasaba los días caminando de un lado para otro: con demasiadas preguntas en la cabeza. La gente se apartaba de él si se lo cruzaban. Hablaba solo en voz alta, tratando de contestarse. Pensó que su error fue creer que podría hallar las respuestas solo: sin el apoyo de un profesional que le ayudara a encontrar la salud mental que tuvo o que, quizás, nunca había tenido.


jueves, 6 de mayo de 2021

Después del amor

    Te han terminado. No hay manera de suavizar la noticia. Se acabó. El mundo sigue exactamente igual, con la diferencia de que todo ha cambiado. El camino a casa se hace más largo, se ha vuelto silencioso pues ya no existen las charlas que lo adornaban y volvían alegre. Ahora solo escuchas la voz de tu cabeza, tratando de comprender cuál es la mejor manera de enfrentarlo para que tu salud mental se mantenga contigo. Encuentras consuelo en la música, pero es un arma de doble filo porque puede hacerte recordar esos bailes, cantos y momentos que tanta felicidad te dieron y que ahora tratan de quebrarte. Intentarás dejar el ayer donde pertenece, pero tú misma te encargarás de cargarlo contigo hacia el presente, como una especie de auto sabotaje cada vez que luches por no dejar escapar una lágrima en el camino, cuando pienses en un nuevo chiste tonto que nunca dirás, que nadie escuchará. Llegarás a casa e irás directo a tu cama, intentando poner en orden tu cabeza, dándole permiso al llanto de que corra libre con la esperanza de que barra con todas las dudas, preguntas y sentimientos rotos. Desearás que todo sea una pesadilla, pero sabes perfectamente que lo que está pasando es real y que de la realidad no hay escapatoria. Desearás morir y cortar de raíz tus sentimientos, aunque eso signifique llevarse de paso los buenos. Te quedarás dormida entre lágrimas y despertarás a media noche sólo para quedarte sentada en la orilla de la cama pensando en cómo fue que terminaste en este punto de quiebre. Quizá tengas arrepentimientos, pensando que si tuvieras la cabeza que tienes ahora, lo habrías hecho diferente, pero es gracias a lo que has vivido que has logrado tener la sabiduría de hoy. Te levantarás y verás en el espejo aquella cara con los ojos rojos de tanto llorar. Esa eres tú. Sonreirás al saber que dentro de ti cabe un gran corazón que sabe amar. Los días pasarán, a veces te levantarás con el ánimo tan alto y otras tantas ni siquiera querrás levantarte, pero con el tiempo entenderás otro tipo de amor, el amor propio. Mirarás cómo tu mano ahora no sostiene otra mano y te preguntarás si la de él está acompañada, la nostalgia te acompañará la mayoría de los días, mirarás el cielo y darás gracias por haberte permitido amar como lo hiciste, porque cuando uno lo da todo no hay nada que reprocharse. Porque cuando te ha dolido la cabeza has ido al médico, y ahora que te duele el alma has recordado que también hay médicos y psicólogos dispuestos a ayudarte. Porque tu familia y amigos no te dejarán sola. Recordarás esos momentos con una sonrisa y empezarás a dejar de cargar el pasado que ya no influye en tu futuro. Porque la próxima vez será mejor. Porque como dice la canción que escuchas: debería estar prohibido haber vivido, y no haber amado.

martes, 4 de mayo de 2021

La Depresión, el cáncer del alma

    Oí a una paciente confesar que a veces desearía padecer Alzheimer para así, no recordar nada. La dejé hablar, la dejé continuar con atención, sabía que su queja, su deseo no era sino una manera de expresar el alcance de su sufrimiento, como si usara el símil de la terrible enfermedad para hacerme entender hasta dónde alcanzaba su dolor. Como el Alzheimer, la depresión no da tregua, está presente las 24 horas del día, jugando drásticamente con las emociones y los sentimientos de su víctima. Tiene un inicio prácticamente imperceptible y va acumulándose, creciendo de manera discreta hasta que nos percatamos que nuestra vida, nuestro mundo social, personal y laboral, sucumbe, se desmorona como figuras de arena ante el avance del agua en la playa. Nuestro interior, nuestros sentimientos y emociones acaban destrozados, confundidos y llegamos a perder nuestro propio concepto del sí mismo. Aquél que fuimos desaparece hasta percibirnos como sombra, una sombra sin forma que, sin saber por qué, toma control de nosotros: vacío y sombra.

Mientras sollozaba y explicaba con voz entrecortada el alivio que le supondría no recordar el pasado, su mirada se clavaba en el suelo, como si en él leyera cuanto me decía, como si buscara desenterrar sus sentimientos y hacerlos resurgir de lo más profundo. Sólo de vez en cuando alzaba sus ojos cansados, casi caídos, como deseando cerrarse y lograr un descanso que hasta ese momento no lograba tener y mirarme, buscando en mi mirada o algún alivio o validación. Asentía callado, dejando que cada palabra expresada fuese ese alivio que ella buscaba en mí. La depresión se había adueñado incluso de sus ojos, cuya expresión era fiel reflejo del precipicio que parecía siempre bordear al límite. Este cáncer del alma había crecido poco a poco, alimentándose cada día de cada pensamiento, de cada recuerdo. Fracaso, desengaño, desilusión, decepción, impotencia, desinterés y ese eterno y completo vacío que impedía pensar o dormir, hablar e incluso callar, pues su mente se asemejaba a una red intrincada de laberintos afectivos que hacía imposible cualquier intento de razonar sobre sí misma. Había menoscabado su autoestima hasta el punto de anularla, de sentirse tan vacía y cansada que hasta el mismo acto de respirar, de hablar, le suponía un esfuerzo.

"El cuerpo grita lo que el alma calla" leí una vez. Y su aspecto físico era fiel reflejo de su sufrimiento. Como un cáncer, la depresión había invadido cada rincón de su cuerpo que como metástasis se expandía libremente. Su alma había enfermado tanto que su cuerpo no podía ocultar, no podía callar ese dolor.

No sólo la somatización que padecía sino la concurrencia por su causa de otras patologías orgánicas derivadas, hacía que la depresión se retroalimentara cayendo en un peligroso círculo vicioso que había dado lugar a conductas autolesivas y últimamente a ideación suicida.

Su voz apenas si era audible mientras relataba. Cuando hablaba de situaciones con fuerte carga emotiva su tono era más firme, como vomitando una rabia contenida, como reprochando en el presente lo que quizás calló en el pasado. Tenía la sensación que cada frase expulsada, cada sentimiento expresado, cada rabia vomitada era similar a una sesión de quimioterapia, como si quemara pequeños trozos de depresión, de dolor tan arraigados en su alma.