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lunes, 16 de mayo de 2022

Aquellas tres palabras

Aquellas tres palabras cambiaron el proyecto de mí vida soñada quedando completamente aturdida, desorientada y en un bloqueo físico y mental. Momento devastador que me acompañaría siempre...

"¿Qué sería de mí ahora?" ..., desconocía otro punto de inicio en mi vida. La única vía de escape a mi cruda realidad, el propio encierro personal y esa voz interior que me decía que no lo podría superar...

Pero en el transcurso del duelo, todo llega. Empiezas a respirar y a descubrir motivos para seguir adelante sin tu hija.

Por decisión propia, vas sintiéndote preparada poco a poco y deseas salir de ese laberinto dónde estás atrapada. Y te obligas a dar ese gran paso, por ti, por los tuyos, pero, sobre todo, por esa hija perdida.

Una mañana atraviesas la puerta de tu casa, te enfrentas a esa realidad que tanto miedo te da y descubres que ahora esos paseos son interminables y que aquellas tres palabras, vuelven a tu mente cuando ves a embarazadas y bebés en brazos de sus madres. Momentos que te desgarran el alma.

Aunque lo peor es aquello que tanto querías evitar y que te hiere el alma, personas sin empatía que no son capaces de ponerse en tu piel y que te llenan de preguntas y frases vacías que dan más incredibilidad a tu sufrimiento.

Y sientes que la vida de tu hija, que amas con todo tu ser, no vale nada para la sociedad. Tú duelo es silenciado, no dan importancia a una vida que no ha tenido la oportunidad de comenzar.

Y descubres en ti, que has negado lo ocurrido autoinculpándote que lo podrías haber hecho mejor, que has sacado todo el enojo y rabia y que has sentido esa sensación de injusticia a tu lado todo este tiempo... Pero, sobre todo, descubres que estás cansada de todos esos síntomas depresivos que no te dejan vivir.

Te encuentras ante ese desafío de reinventarte y renacer de nuevo. Porque tú eres la que decide cuánto dura tu duelo y cómo lo quieres vivir... Y te das cuenta que esas experiencias y recuerdos pueden llegar a ser, a pesar de todo, bonitos.

Tras ese dolor desgarrador, quieres buscar la luz que te ilumine para no estar sola y que limpie esos juicios y castigos que tanto daño te han hecho. Y entonces, te perdonas y te aceptas tal y cómo eres... Y aquellas tres palabras: "NO HAY LATIDO", ya no duelen como antes a pesar de esa oscuridad en tu interior. Y empiezas tu camino de vuelta llena de sabiduría adquirida y tienes fe y esperanza que te puedes transformar para mejor. Y sigues caminando, sin dejar de avanzar, como te han enseñado...

Ahora te dejas sentir ante la vida. Eres consciente que nunca más volverás a ser la persona de antes porque ahora tienes un alma contigo, que te da fuerza para honrarla, dejándola volar para vivir tu misión de ayudar a otras mamás a abrir sus alas.