Mostrando entradas con la etiqueta Florecer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Florecer. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de mayo de 2022

Florecer

Desde hacía meses me quedaba absorta mirando las nubes que deambulaban por el cielo, un cúmulo repetitivo de pensamientos y sentimientos negativos me invadían hasta provocarme un llanto desconsolado, notaba como diariamente mi carácter vitalista, pasional y alegre iba difuminándose como el paisaje en un día de niebla; convirtiendo a la tierra en invisible, desvaneciendo todos los colores a excepción del gris, avivando una impotente sensación de ceguera, donde solo los espectros del pasado y los espejismos del futuro tenían el privilegio de aparecer en escena como los únicos protagonistas.

Cada semana estaba más abatida, el pánico se había apoderado de mí ser hasta llegar a tener miedo al propio miedo. Intuía que si algo o alguien no frenaban aquella avalancha descontrolada de angustia existencial, mi esencia desaparecería. Iba a perderme en el abismo.

Para más inri, un perenne dolor de espalda me acompañaba durante las 24 horas del día, trocando mis noches en auténticos infiernos colmados de pesadillas; para mayor escarnio me sentía dilatada como una esponja, un malestar estomacal, que apenas me permitía comer, me escoltaba donde quiera que estuviese, aumentando mi inmensa tristeza y desolación.

Después de visitar a distintos especialistas y realizarme las pruebas clínicas solicitadas, para descartar cualquier patología orgánica, me diagnosticaron un cuadro "ansioso-depresivo" que somatizaba con tales dolencias físicas; advirtiéndome que si no controlaba mi estrés, cortisol, serotonina, y especialmente mis cavilaciones pesimistas, éste desembocaría en un Trastorno Depresivo Mayor. Fui remitida a la unidad de Psiquiatría y me emitieron la baja laboral, viéndome forzada a dejar, temporalmente, mi trabajo como docente.

Ángela, mi psicóloga, tras las primeras sesiones, me explicó que mi depresión era exógena y que con mucha fuerza de voluntad sería capaz de superarla.

La muerte de mi padre, la demencia senil de mi madre, el aislamiento provocado por el covid, mi propia auto exigencia como mujer, madre, esposa, hija, profesora…eran en verdad mis verdugos.

Siguiendo los consejos médicos, hice de tripas corazón, y empecé a tomar la medicación indicada junto con paseos por la naturaleza, meditaciones, natación, mindfulness y lectura de libros; necesitaba recuperar mis ganas de vivir.

Leyendo a Alejandro Jodorowsky y sus peculiares técnicas de psicoterapia, realicé una de ellas. Escribí en folios todos los acontecimientos patéticos de mi existencia y posteriormente quemé dichas páginas, adquirí un bonsái y enterré las cenizas bajo sus raíces.

Situé mi precioso bonsái en el poyete de una ventana frente a los hibiscos de mi jardín. Comencé a cuidarle y mimarle como si de un bebé se tratase, en pocas semanas pequeños capullos brotaron, regalándome unas lindas florecillas blancas que me alegraban la vida.

Había sepultado las vivencias punzantes de mi pasado y cada flor representaba una esperanza de fe en el futuro.

Actualmente, sigo admirando las nubes y agradezco al universo todos los ángeles que en esa época dolorosa me envió, uno de ellos disfrazado de bonsái.

Hoy he leído este relato a mis alumnos, muchos me han aplaudido.

¡No solo no me perdí, sino que me encontré!

martes, 24 de mayo de 2022

Florecer

La vida sin ti no va a ser fácil, extrañaré llegar y verte tan feliz, recibiéndome con un saludo caluroso desde la puerta, gritando de la emoción, y dando vueltas por el patio, demostrándome tu inmensa felicidad de verme, aun me niego a no verte, no hablarte, no sentirte, y aunque para mi sea más fácil, simplemente imaginar que estás en alguna parte del jardín escondida, o dormida, tengo que aceptar que no es así.

Buscando mensajes en cada atardecer, cada sonido, cada cosa inusual o sorpresa que el universo me regala, espero que seas tú, la que me dice que sigues a mi lado, que como lo hiciste por más de 10 años, sigues conmigo, y ahora sé, que me cuidas desde el cielo, sé que, si volteo arriba, la estrella más hermosa vas a ser tú, al menos eso me gusta creer. Y aunque me duele no tenerte, algo muy en el fondo sabe que estás en un lugar mejor, que ya no sufres, que me amaste como yo a ti, hasta el último momento, y aunque me hubiera gustado estar ahí para ti, la vida me jugó chueco y no quiso que eso fuera así, pero, también me gusta pensar que ese tipo de cosas pasan por algo, no sé, tal vez no hubiese podido soportar ese dolor, de verte, y no poder creerlo, no reconocerte, tal vez no soy tan fuerte como pienso.

Y podré no ser fuerte, pero prefiero eso, prefiero recordar tu mirada, tu sonrisa, tu esencia, recordarte en cada atardecer hermoso, en cada flor, en cada risa, o en cada suspiro, prefiero recordarte como siempre fuiste, tan noble y dulce como una flor y siempre con nosotros, a nuestro lado.

No tengo por qué mentir, creo que nadie estaba listo para tu partida, sin embargo, sé que por mucho tiempo te entregaste y nos diste tu vida, siempre serás mi familia, y nunca te olvidaremos. En estos últimos momentos me tocó a mi devolverte lo mucho que me diste. Gracias por enseñarme tanto, gracias por amarme tanto, gracias por cuidarme, y jamás abandonarme, y aunque hoy sé que ya no estás físicamente, sé que sigues a mi lado en cada paso que doy. Y aunque deba de seguir con mi vida, por mucho que me duela esto, por mucho que dure este duelo, sé, que todo habrá valido la pena. Porque me gusta pensar, que ahora tu serás eternamente feliz, y la luz más brillante del cielo. Gracias por todo, gracias por florecer, y jamás marchitarte.