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jueves, 23 de noviembre de 2023

Prolepsis

Concordia entre vida y muerte, es la paz del que tiene la muerte anunciada, acepta con quietud y abriga la anticipación. La armonía del que se rinde a su destino. No es menos cobarde, al que se conforma a una vida de apatía.

No se puede juzgar al suicida o al condenado, porque ya obtuvieron su sentencia. Hágase su voluntad, y cuiden a sus allegados. La carga del exánime es carga útil para el cercano.

En el frágil equilibrio entre el coraje y la aceptación, vi mi libertad en la caída y que por azar mi cuerpo persistió, pocos obtuvieron mi suerte. Brote la esperanza al tocar fondo.

Entre sábanas y paredes blancas, alas del hospital, la resiliencia es la fuerza que el cuerpo entiende. Bajo el peso de las decisiones trascendentales, llevo la carga de aquellos que optaron por un camino irrevocable, mientras yo, por ventura, tuve una segunda oportunidad. Agradecida, descubro un destino donde vislumbré un final; hoy veo un nuevo comienzo.

Relato testimonial, cuento historias entrelazadas de aquellos que se enfrentan a la dualidad, con aceptación y la tibia promesa de que, incluso en el abismo, la esperanza puede florecer.

Gracias, mamá, por cuidarme cuando no pude.

lunes, 20 de noviembre de 2023

La Noticia

Fue como si mi vida entera se hubiese derrumbado. Me aterré. No podía creer que aquello estuviese sucediéndome a mí, en carne viva. Intenté buscar culpables, pero resulté ser el único. Me sentí ultrajado por mi propio ser. Traicionado. Me odié.

Me convencí de que mi vida había terminado. Parecía que mis alegrías, mis sueños, y hasta mi personalidad, ya no me pertenecían. Dije mi nombre en voz alta y sentí dolor, un luto por mi antiguo yo. Comencé a llorar y me pedí perdón muchas veces. Traté de entender en quién me había convertido ahora. Todo se veía extremadamente difícil. Ya no quería existir.

Tuve suerte. No pasó demasiado tiempo hasta que reaccioné: necesitaba hablar con un verdadero amigo, desahogarme, quitar las toneladas emocionales de mis hombros. Me levanté. Me costó muchísimo. Me daba vergüenza, miedo, creí que me rechazaría de inmediato. Pero no fue así, fue todo lo contrario. A medida que hablé, mis temores se hicieron más pequeños; mis problemas más ligeros; mi angustia se transformó en poder. Me sentí querido, encontrado. Esta novedad no me derrotaría, así no sería mi historia. Ese día recibí el mejor abrazo de mi vida. Mi gran vida, la de siempre.