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jueves, 19 de octubre de 2023

Perfume de pensamientos

Amaneció un día funesto, confirmando que había llegado el final.

Nada más salir a la calle me empalagó un fuerte aroma a rosas. Al momento se cruzó conmigo una oronda señora. Portaba un enorme ramo de rosas.

"No vuelvo a probar un bombón."

Proseguí mi camino y entró por mis fosas nasales un fuerte hedor que me provocó arcadas. Al momento pasó junto a mí un operario.

"Estoy harto de desatascar tuberías. Tengo que encontrar otro trabajo."

Cuando estaba llegando a mi destino me llamó la atención una chica. Iba mal vestida y su pelo era un poema, de un color indefinible por la suciedad.

Conforme me acercaba me llegó un aroma a pintaúñas rancio y sudor.

"No puedo más. No tiene sentido. Lo haré esta noche en el viaducto."

******

Aquella noche la divisé subiéndose a la barandilla del viaducto. Me acerqué.

Sabía que estarías aquí — le espeté.

Vete.

No puedo.

¿Y a ti qué más te da?

Tu vida me importa porque sin ti el mundo sería diferente.

¿Cómo sabías que estaría aquí?

Es mi secreto. Tú me has salvado. No al revés.

La chica titubeó, pero al fin agarró mi mano.

lunes, 16 de mayo de 2022

Tu regalo

Mi nombre es Javier. Soy viudo.

Lo digo sin rabia, sin miedo, sin pena. Lo digo con alegría, con orgullo y con honor.

No soy un viudo cualquiera, soy viudo de ti, de Amelia Rodríguez. Hemos reído y llorado juntos, pero, lo más importante, nos hemos amado mucho juntos.

Llevamos toda una vida juntos. He tenido el honor de haber tenido tu compañía durante 26 años y los que nos quedan, porque ahora sé que tú no te has ido, de otra forma, pero sigues estando a mi lado.

Hubo un tiempo que pensaba que te habías ido para siempre, con todas las cosas bonitas que nos quedaban por vivir. Tuve mucha rabia. No lo veía nada claro, más bien lo veía todo borroso, incluso, a veces, me chocaba. Mis gafas eran de pésima calidad.

Cuando me acordaba de ti, que eran muchas veces al día, mis gafas se ensuciaban muchísimo y me hacían ver todo de color negro.

Veía todo negro cuando me despertaba a mitad de la noche y no sentía tu cuerpo al lado mío. Veía todo negro cuando desayunaba sin oír ese programa radiofónico que ponías cuando te levantabas de la cama. Veía todo negro cuando los sábados iba a la panadería a comprar el pan y, a la vuelta, no tenía tu compañía para tomar un café con tostadas en el bar de Manuel.

Veía todo negro y, con gran impotencia y frustración, iba chocándome contra el mundo.

Fue pasando el tiempo, y empecé a sentir pequeños instantes en los que algún color quería entrar en mi campo de visión. En esos momentos de nitidez me hacía consciente que debía cambiar de gafas, que aquellas ya apenas me dejaban ver. Debía tirarlas con determinación a la basura y comprarme unas gafas nuevas. Pero me costaba mucho esfuerzo deshacerme de aquellas gafas.

Entonces, ocurrió lo que llevaba anhelando tanto tiempo, te volví a ver. Me visitaste en sueños. Estabas preciosa, como siempre, con tu sonrisa sincera, tus ojos brillantes y tu gesto amable. Te acercaste, en silencio, me diste un abrazo y me diste aquel regalo, unas gafas nuevas.

El mejor regalo de mi vida, aquellas gafas, mis gafas.

Fui recuperando la vista. Ya he logrado ver todo nítido y de colores, rojo, verde, azul, amarillo, blanco, … De todos los colores. Todo gracias a ti.

Por siempre en mi corazón. Te quiero.