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jueves, 23 de noviembre de 2023

Poesía cargada de futuro

Cuando albergo ideas oscuras me pongo Palabras para Julia a todo volumen. Quiero que el mensaje penetre en los pasillos peligrosos de mi mente y los alumbre, que no deje que suenen otras voces, solo la de Goytisolo, la de Paco Ibáñez.

La profesora de Lengua nos puso esa canción un día casi negro de viento y de tormenta, como si pudiera adivinar que dentro de algunos de nosotros empezaban también a agitarse los meteoros adversos; como si hubiera visto desde su tarima las cicatrices de mis muñecas y, más allá, las de mi alma. La busqué luego en casa, la escuché y la leí decenas de veces y supe que yo era Julia; que aunque los consejos de mis padres, las orientaciones del psiquiatra o los abrazos de mi gente no siempre hubieran encontrado la manera de llegar hasta mí, el poeta sí lo había hecho. Ahora me sé la letra de memoria y si, al asomarme al balcón siento la llamada del vacío, un resorte de mi cerebro canta inmediatamente: "Nunca te entregues ni te apartes…nunca digas no puedo más y aquí me quedo."

Entonces vuelvo a cerrar las puertas de cristal y salgo de nuevo al camino.

martes, 11 de mayo de 2021

En una semana

Lunes:

Se levanta a las 7, se ducha, se viste. Coge el metro. Llega a la oficina, toma un café de la máquina. Pasa la mañana enterrada en gestiones y a mediodía come una ensalada. Reunión, presenta unos informes, se enfrenta a unos clientes. Vuelta a casa; se siente culpable por lo que ha pasado. En casa toma un caldo para cenar porque le duele el estómago. Pone la lavadora y se acuesta. A las 3 de la mañana, cansada de mirar al techo, se pone la serie que está viendo.

Martes:

Se levanta a las 8, se lava la cara a toda velocidad, va tarde. Llega a la oficina acelerada, tiene reunión y se le han olvidados los archivos que tenía que llevar. A las 12 se toma el tercer café. Discute con una compañera. Toma un sándwich de la máquina para comer. Trabaja hasta las 8 por un problema de última hora. De vuelta a casa pasa a ver a su madre que le vuelve a decir lo delgada que está y las ojeras que tiene. Llega a casa a las 10, cena un yogur, ve una película y se acuesta… pero no duerme.

Miércoles:

Se levanta con migraña, se viste a oscuras y coge un taxi a la oficina. Toda la mañana frente al ordenador sin poder terminar ninguna tarea, se le acumulan los correos. Cancela una reunión. A la hora de comer se va a casa, tiene náuseas y no puede probar bocado. Se toma un antiinflamatorio y se acuesta… sigue sin poder dormir

Jueves:

Llega a la oficina casi sin ver, ha ido a trabajar a rastras porque tenía que llevar una documentación importante. El día se le hace eterno. Apenas da pie con bola. Al salir va agobiada porque tiene hora en el médico y como no… va tarde. El médico de cabecera le pregunta 10000 cosas, pero poco a poco va centrándose más y más… ¿Qué tal duermes? ¿Qué tal comes? Al preguntar sobre cómo se siente, rompe a llorar sin articular palabra. No puede parar en los siguientes 45 minutos y se desmaya. Es derivada a salud mental de urgencia.

Viernes:

A las 9 tiene cita en psiquiatría, tras una larga entrevista en la que reconoce que lleva más de un año sintiéndose mal, sin poder dormir y con pesadillas, con dolores de estómago y ataques de migraña finalmente es diagnosticada de depresión. Se le prescriben diversos fármacos que harán que su calidad de vida mejore a corto, medio y largo plazo.

El insomnio, la inapetencia y los problemas gástricos están entre los problemas más habituales en la depresión. Puede mantener a la persona medianamente funcional pero tarde o temprano el cuerpo toma el control y se revela

Muchas personas sienten o han sentido esto, pero difícilmente pueden llegar a identificarlo. Es fundamental escuchar al cuerpo y sus señales que a menudo nos dan pistas sobre lo que no funciona de fondo. Somos cuerpo y somos mente.