En frente de la tumba de mi padre, desbordada en imágenes de sus últimos momentos en el hospital y en el ritual del entierro de su cuerpo, escuchó murmullos detrás de mí, hablaban de una persona joven que se había quitado la vida. Mis primeros pensamientos fueron sobre como procesar este hecho trágico para unos padres que aparte del dolor inmenso, tenían que enfrentar la mirada confusa de los otros, cuestionando la salud mental familiar y alcanzando a mirarse a sí mismos con aires espontáneos de superioridad moral. El inmovilismo de la comunidad los condenaba a pensar que había algo diferente y negativo en ellos, en sus genes, en su salud mental, los sentenciaba a los mayores y los menores de la familia, a pensar en seguir el mismo patrón que esperaban tal vez los demás, o que en la repetición "sublime" y trágica podían conectar con el ser querido, con sus últimos sentimientos "liberadores" o en desesperación profunda. Liberarse así de un estigma injusto, despojarse de la culpa colectiva. Entendí en el relato desgarrador de la vida de los que se quedan, el imperativo de cambiar la mirada externa y que el abrazo comunitario eran una estrecha puerta necesaria de humanidad.
Blog con los relatos presentados al concurso convocado por la Plataforma “Salud Mental y Cultura”, integrada por la Unidad de Salud Mental Comunitaria del Hospital de Los Arcos-Mar Menor, las concejalías de cultura de los municipios de Los Alcázares, San Javier, San Pedro del Pinatar y Torre Pacheco, las asociaciones AFEMAR, AIKE Mar Menor y LAEC, y la Fundación entorno Slow-Proyecto Neurocultura de Torrepacheco.
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