Mi vida hace tres meses era simple. Ahora todo gira en torno a este tratamiento, en este hospital de día, en este barrio peligroso en el que todo el mundo me persigue cada vez que salgo a la calle. Exacto, tratas con un esquizofrénico. Uno que además hace tiempo que perdió el aprecio por la vida.
Tengo 15 años y he intentado suicidarme casi diez veces, igual que los compañeros que acompañan mi día a día en este centro.
Escucho a mucha gente decir que no entienden por qué llegamos a ese extremo, que ellos jamás serían capaces de atentar contra su propia existencia.
Cuando te das cuenta de que debido a la patología de la que eres víctima los demás te repudian, no ves un motivo para continuar viviendo. Al fin y al cabo, si los habitantes del mundo en el que vives no te quieren en él, ¿para qué quedarse?
Por esa razón, cuando te encuentras a un vecino en la escalera y te dedica un "Hola, ¿cómo estás?", encuentras una razón para permanecer en ese mundo un par de días más.
Acaba con eso. Saluda a todos tus coetáneos, independientemente de su situación mental o psiquiátrica.
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