—Doctor, por favor. ¿Qué tengo? ¡No puedo soportarlo más! ¡He pensado incluso en…! —La señora, llorando, entra en la consulta. La han citado para exponerle los resultados de las pruebas.
—Sí, tranquilícese, por favor. En base a los síntomas que nos indicó: vacío de estómago, arritmia de pecho y exceso de lagrimeo, le hicimos las pruebas. Tenemos una primera valoración. Hay una extraña herida no cicatrizada en el corazón. No sabemos su origen, pero lo descubriremos.
—¡Por Dios, una herida en el corazón…! ¿Y lo de las lágrimas, tiene algo que ver? ¡No puedo dejar de llorar!
—Puede ser un efecto secundario. La llamarán para que la vea el especialista. Ya verá, todo irá bien.
A los dos años la llaman para la cita con el especialista del corazón.
—Dígame, señora. ¿Cómo se encuentra?
—Pues mire, doctor… la verdad es que estoy mucho mejor —responde la señora mientras se oprime el pecho—. El dolor ha desaparecido. Y también el vacío de estómago. Pero… ¿Cómo lo ha conseguido? ¿Qué me ha hecho?
–Nada, señora. Soy especialista en corazones rotos. Ah, y no soy doctor. No uso bisturí. Mi instrumental son las manecillas. Me limito a transcurrir. Perdón por la espera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario